Muchas tradiciones, muchos maestros.
Como les conté en la nota anterior, mi primera gran barrera en el budismo fue la duda escéptica ante las prácticas devocionales y los elementos religiosos. La segunda fue empezar a darme cuenta de que no había una, sino por lo menos diez variedades distintas de budismo: algo complejo de comprender sin caer en el dogmatismo, el fanatismo o el purismo.
Antes de contar mi experiencia, quiero advertir algo a quienes buscan lo más puro, lo más auténtico y original: se van a llevar una decepción, porque la visión que aprendí a cultivar en estos años requiere un proceso de mucha más apertura y comprensión.
Cuando empecé a superar esa resistencia al aspecto más religioso, mientras más profundizaba, más detalles empezaron a resonar en mi cabeza con cierta duda. Si bien en esta corriente el Buddha era el pilar y el fundador de las enseñanzas, todo el foco estaba puesto en un maestro fundador de su propia corriente, quien, gracias a su amplio estudio y práctica, había adaptado las enseñanzas para que fueran más accesibles al público occidental. Leer y seguir a este maestro fundador era considerado el equivalente a seguir la enseñanza del Buddha, y ahí comenzó a surgir una desconfianza que solo se iría acentuando. A medida que profundizaba con ellos, se me recomendaba dejar de lado otras lecturas y enfocarme únicamente en lo que ellos ofrecían, argumentando que mezclar visiones de otros lados podía generar confusión y obstaculizar el progreso en la práctica.
Tenía sentido: si estás estudiando una carrera universitaria no te pones a estudiar mil cosas a la vez, porque tu mente necesita integrar el conocimiento de esa carrera en particular; si estás preparando una receta y mezclas ingredientes ajenos, no vas a obtener la comida que deseabas. Intelectualmente cuadraba, pero internamente había algo que no cerraba y que no concordaba con las primeras lecturas que tuve sobre el budismo, donde la investigación era un requisito prioritario frente a la fe ciega y donde el Buddha invitaba a investigar la enseñanza en lugar de depender de figuras externas.
Cuanto más se me trataba de convencer de apartarme de todo lo demás para estudiar solo con ellos, más extraño me sentía, hasta que recuerdo un día que llegué a casa y vi que un contacto se había anotado para hacer un retiro de meditación de diez días en silencio. Era algo totalmente distinto a lo que venía haciendo y, para mi sorpresa, estaba fundamentado en la práctica budista pero sin pertenecer a una tradición monástica.
El retiro era gratuito; sustentaban sus actividades con donaciones e incluso su biblioteca de libros funcionaba mediante aportes voluntarios al finalizar la experiencia. Fue una práctica transformadora en muchos niveles, porque nunca había dedicado tanto tiempo exclusivamente a meditar y, como el centro al que asistía se estaba tornando muy costoso, se produjo una ruptura muy grande.
Ahí comencé a interesarme por conocer más sobre la variedad de prácticas y tradiciones; para mi sorpresa, el abanico era mucho más amplio de lo que imaginaba. Di por internet con dos institutos de budismo tibetano que ofrecían cursos de manera virtual y estudié cuatro años con ellos. Aunque expandieron por completo mi mirada sobre las enseñanzas, me seguía faltando la parte presencial: seguir practicando con otras personas, resolver dudas con maestros y empaparme de esas costumbres y elementos religiosos a los que ya me había acostumbrado y que fortalecían mi práctica.
En ese punto todo cambió. Es como si cada paso que di hubiera sido en la dirección correcta; como si cada maestro que encontré hubiera sido el peldaño hacia una etapa mejor. Pero lo más significativo fue comprender que esa sensación de que algo «no cuadraba» no era un mero capricho, sino una convicción inquebrantable de querer seguir los pasos del Buddha y conocer lo más posible sobre su época.
Fue entonces cuando ocurrió algo extraordinario, algo por lo que incluso hoy sigo eternamente agradecido y que siento que fue lo mejor que me pudo haber pasado: conocí al Venerable Shifu Zhihan, un monje budista de Taiwán perteneciente a la tradición china de Tierra Pura, pero con una formación sorprendente. Hasta ese momento, cada maestro que conocía afirmaba que su tradición era la mejor, su maestro el más calificado y su enseñanza la más eficaz y auténtica.
El Venerable Zhihan, en cambio, fue el primer monje en mi vida que me enseñó a ver la evolución del budismo de manera integral. Me mostró la importancia de estudiar y comprender los registros más antiguos de los discursos del Buddha y de observar cómo las enseñanzas se expandieron con el tiempo, dando lugar a las distintas tradiciones que llegan hasta nuestros días. Fue como empezar a armar un rompecabezas, con la diferencia de que no lo estaba haciendo solo: contaba con la orientación de uno de los maestros más experimentados que he conocido.
Me tomó años comprender ese proceso de expansión, pero su enfoque me ayudó a desarrollar una visión amplia del Dhamma. En lugar de volverme una persona dogmática que cree que hay una enseñanza superior o una corriente mejor que otras, aprendí a ver que las tradiciones no son el fruto del egocentrismo ni de la interpretación personal, sino la evolución viva de una enseñanza. Aunque cada corriente adopte formas o enfoques distintos, todas siguen unidas por el mismo núcleo: la purificación de la mente y la cesación del sufrimiento.
¿Son necesarias tantas tradiciones?
Sí. De hecho, en los discursos vemos que el Buddha no imponía su enseñanza ni adoctrinaba. En lugar de pretender que las personas se adaptaran a su dialecto, él se quedaba durante un tiempo en diferentes lugares y compartía la enseñanza en la lengua local, utilizaba metáforas con situaciones cotidianas de la época y adaptaba las explicaciones a las capacidades de cada persona. No confrontaba con otras religiones; simplemente señalaba qué aspectos conducían a la liberación del sufrimiento y cuáles no.
Como el budismo tiene un carácter no violento y no proselitista, cuando los monjes viajaban a distintos países se adaptaban a las culturas locales para que la enseñanza fuera madurando gradualmente, sin confrontar ni desplazar las creencias ya establecidas. Esto dio lugar a un abanico muy diverso de escuelas; sin embargo, al analizar los discursos más tempranos, descubrimos que conservan similitudes extraordinarias a pesar de haber estado separadas por enormes distancias geográficas.
Cuando me preguntan qué tradición seguir, para mí es muy difícil recomendar una sola: depende de la persona. Yo no elegí una tradición, me las fui encontrando. Al comienzo estudié budismo tibetano porque era lo único que tenía a mano y fue lo que me abrió las puertas a la práctica. Luego encontré al Venerable Zhihan, cuya visión amplia aniquiló por completo en mí la necesidad de comparar o juzgar qué es “mejor” o “más auténtico”, enseñándome a explorar y observar qué se adaptaba mejor a mi propio camino.
Al haber pasado por distintas tradiciones, aprendí a valorar el aporte de cada una, porque he visto a personas que jamás hubieran encajado en otra corriente. En mi caso, por ejemplo, nunca encajé con las visualizaciones complejas o con la meditación en deidades para desarrollar determinados estados mentales; pero comprendo a dónde apuntan esas prácticas, los beneficios que pueden generar y las respeto. No necesito descalificar aquello que a mí no me ha resultado útil.
Lo mejor que podemos hacer como practicantes es explorar e investigar para comprender —no como una forma de deambular sin rumbo, sino para discernir qué tipo de práctica y visión se adecua mejor a nuestras facultades—, siempre con respeto y apertura.
En mis espacios comparto hoy un enfoque centrado en el budismo temprano, porque considero que hay una tarea de investigación y divulgación muy importante por realizar sobre este período histórico en habla hispana. Actualmente me dedico a ello exclusivamente, aunque no cierro la puerta a seguir aprendiendo de otras corrientes que también ofrecen aportes profundamente valiosos.
Para no hacer esta nota mucho más extensa, si el tema les interesa, podemos hablar un poco más en detalle sobre las diferentes tradiciones y su evolución en el tiempo.


6 Responses
Si por favor. Hablamos de las diferentes tradiciones y su evolución. Gracias !!
Así será. En los próximos días la estaré compartiendo. 🌻🙏🏽
Hola Nahuel, gracias x compartirnos tu experiencia, tan esclarecedora. Me quedo con tu posición de apertura y tolerancia y creo que es una oportunidad que tenemos el hecho de que existian varias corrientes que nos impulsa a discernir lo esencial y común en todas las escuelas.
Una bendición representas, el contar con tu compañia y tu aporte.
Bendiciones.
Gracias por tus palabras ☺️🙏
Me parece una postura ventajosa , sin prejuicios y de búsqueda genuina del budismo: el trabajo en la mente (el conocerse) y el agotar el sufrimiento (la 4 nobles verdades). Las tradiciones, celebraciones, símbolos y ritos, han alimentado culturalmente el sendero. Son 2400 años de prácticas humanas de una enseñanza no dogmática…
Comparto plenamente tus palabras ☺️🙏